MI QUERIDO VIEJITO

Tarde de agosto… sería una  más sino fuera por que hubo un momento
que marcó este mes para todos los agostos que vayan viniendo.

Hace un día espléndido, radiante, el sol luce con todo su esplendor sobre un cielo íntegramente azul, las calles a estas horas permanecen casi desiertas, la gente inunda las playas y los montes buscando ese merecido descanso después de una semana de intenso trabajo, las vacaciones estivales también contribuyen a esa ausencia de bullicio que desde mi habitación es inapreciable, yo me dejo mecer por las melodías de mi música favorita que se van metiendo entre las letras formando una magnífica alianza…

Llevo toda la mañana dándole vueltas  a como escribir este momento  tan duro sin que al leerlo pueda parecerlo tanto…¿hay algo más doloroso que perder a alguien que ha estado presente toda tu vida? Intentaré que al acabar este episodio haya transmitido  ese mismo sentimiento desfigurado…
¿Conseguiré hacerlo? Difícil pero lo intentaré...

¿Sabes Aitite?... hace ya un año que nos dejaste, que te fuiste para siempre, un año ya, ¿te das cuenta cómo ha pasado el tiempo? Parece que fue ayer cuando nos llenabas con tus chistes (por cierto alguno que no hacía ni gota de gracia pero…). Hoy he querido recordarte tranquila, serena, intentando que las lágrimas no me traicionen, y sólo quiero quedarme con lo principal… porque así eras tú (de lo mejor).

Un hombre luchador, aquél que dejó todo atrás y  sin nada se fue en busca de un futuro mejor  para sus hijos en una tierra extraña (y ya lo creo que lo conseguiste)
¿Eran tiempos difíciles verdad? Cuantos esfuerzos viejito…

¡Recuerdas cuando le decías a la amama en aquellas celebraciones familiares!
!Vieja… ya has visto lo que hemos preparado entre los dos!
Como se llenaba tu cara de satisfacción cuando veías a todos tus hijos riendo en torno a la mesa y escuchabas el bullicio de tus nietos correteando por la casa…

Cuanto te echamos de menos…! espera, algo se me ha metido en los ojos, quizás alguna mota de polvo, ahora regreso!... Ya está… (No estaba llorando de verdad)

Ayer fuiste tú quien cuido de que nada pudiera faltarme, ahora soy yo la que quiere hacerlo así que… Deja que tu mano repose sobre la mía, llevas días brutales y noches eternas intentando asirte a este lado de la vida, lo has hecho con una fuerza inhumana todos hemos sido testigos pero ya no hagas mas esfuerzos, cálmate y déjate inundar de toda la paz que necesitas…

Casi sin aliento escucho atentamente las palabras del médico, un chico joven, con el rostro serio, firme,  que enfundado en una bata blanca no sabe como decirnos  que tu estancia entre nosotros se termina, que es hora para la despedida… Ya la noche anterior todos los tuyos (hijos, esposa y nietos) tuvimos el gran regalo de darte el último abrazo para que tuvieras conciencia  del ramillete que dejabas tras de ti y notaras el calor de tu familia, el mismo que tú nos transmitiste siempre…

¿Sabes? Siempre pensé que cuando llegara este momento ya serías muy anciano, nunca se me pasó por la cabeza que ese hombre que rebosaba fortaleza por todos lados se apagaría como la luz de un candil  en tan solo unos días,  aún te quedaban tantas cosas por hacer… tanto que darnos a todos ¡que difícil es todo esto!

¡Aitite! espera creo que la mota de polvo ha vuelto a colarse de nuevo en mis ojos… no te vayas todavía…espérame, voy a mojar un poco mi cara a ver si sale y deja de molestarme…(espero que me haya creído, es muy listo)…

Miro tu cara pálida, enjuta, serena, esperando que llegue el momento de la partida… ¿dónde has dejado ese tono dorado que cubría  tu piel debido a los grandes paseos por el monte cada día con los bolsillos llenos de galletas por si te daba hambre por el camino?

Tienes la frente fría…deja que te cubra con la manta un poquito más, desearía poder hacer algo… pero en este caso temo que ya esta todo hecho…deja que te bese viejito.
 Te quiero ¿lo sabes verdad? Te lo he dicho muchas veces pero ahora además quiero que lo sientas, que te lleves mis besos, mis caricias y mis te quieros en tu largo viaje,
 para que no te sientas solo ante lo desconocido…
ya verás como si los retienes hasta que vuelvas a verme te sentirás más protegido…

Cierro mis ojos, y ahora sí dejo que mis lágrimas broten libremente, ahora sé que no puedes ver su humedad… tu pecho ha dejado de moverse, he visto como dejabas entrar el último resquicio de aire en tus pulmones,  tu última bocanada…
¡Dios!... no puedo hacer nada, he de dejarte marchar sin poder gritar que no lo hagas, solo mirando tu rostro sereno, tranquilo, notando como aprietas mi mano suavemente.

Viejito, ya está, todo ha pasado ya, pero se que aún estás aquí así que deja que te dé mi último beso… ¡Te quiero AITITE! no tengas miedo… busca un sitio donde poder estar, esperando nuestra llegada… ve tranquilo hacia  tu destino y deja tu esencia  esparcida por el cielo para que todos sepan que llega un gran hombre.


¿Por qué  nadie nos prepara para morir ni para aceptar la muerte?
 

En recuerdo a mi padre… (Te seguimos queriendo)

Lorea