SOLO... YO

Estoy aprendiendo a vivir de nuevo, ¡SI!
porque sin saberlo... YO había olvidado existir.


Cojo el último tren, dejo aquella estación vacía en el pasado,

subo al vagón sin lastre ni billete, sin prisa ni pasaporte,
sin tiempo ni camino… huyendo de las mentiras que acallan mi mente…
marchita, gélida… con un único fin… mis ansias de  seguir luchando…

atrás quedan mis pasos tímidos e inseguros sobre el andén …
me dejo llevar para no estorbar… no hay ayer… sólo destino.

¡Me he preguntado tantas veces, como pude olvidarme de ti! ¡Mujer!
 
No fue la memoria, fui yo quien te negó el derecho a vivir,
YO quien  dejó que creyeras que estar viva era renunciar…
y depender como un vagabundo únicamente de su caminar,

YO, cobarde, abandoné tu mente a merced de la tormenta y del olvido…
 logrando que no supieras ni quien eras, respirando siempre miedo.


Fui yo quien permitió que en el silencio de la oscuridad se ahogara tu voz…
quien toleró que bajo amenazas tu alternativa fuera callar,

YO quien desechó la emocion de entonar en tu alma una canción…  
dejando que la melodía y la música sólo se pudieran imaginar.

Sí, admito que fui YO quien apagó la sensibilidad y ternura de tu piel…
YO quien dejó que bajo el tacto de sus caricias se volviese escarcha.
Cómo pude ser tan cruel y tolerar que mutase su sabor a miel
dejando que  muriese con el roce de sus manos y se volviese amarga.

YO quien  negó a tu cuerpo de mujer, la sensación de placer…
dejándote sucumbir en cada suspiro al no poderte estremecer.
YO te obligué a renunciar a tu libertad quedando atrapada en su  red…

 Miro en el fondo del espejo y reconozco la imagen reflejada en él,
dos rostros, dos cuerpos, dos almas encerradas en un único ser.
Abro mis brazos ahogando un profundo y desgarrador lamento,
cierro mis ojos y dejo que de lágrimas mi rostro quede inundado…
Cuanto tiempo perdido en los confines de mi existencia
cuantos sentimientos muertos por la debilidad de mi corazón…
!Cómo pude!... porqué dejé sordos los cascabeles de mi sonrisa  
para esconderme asustada tras la dureza de mi caparazón.


!Despierta mujer!... te dejé una vez... ahora te voy a proteger,
 mira el horizonte… seca tu llanto, comienza para ti a amanecer,
!No temas! No le dejaré que entre de nuevo en tus días,
ni que invada como un cobarde tus sueños, y tu vida…
!Te pido perdón! Déjame curar con mi vida tu frágil alma herida,
 
!Qué paradojas tiene la vida! YO que te idolatré creyendo que eras mi Dios
descubro la Gloria al sentir que el dominio sobre mí, sin ti lo tengo YO.


¡Estoy aprendiendo a no morir porque ahora se vivir sin ti!

(Lorea)