ROCA DE CRISTAL

Hace tiempo que no escribo nada, mejor dicho, que no acabo lo que lleva empezado durante días, había pensado describir ese cielo inmenso y colmado de estrellas que cubre Castilla, quería hacérselo sentir a un amigo muy querido por mí, pero sé que él sabrá esperar, poco a poco he ido dejando asomar con mis textos parte de mí, esa parte oculta e impalpable difícil de reconocer y aún más de mostrar para muchos de nosotros, no quiero que este momento vaya asociado a una sola palabra de lástima hacia mí, ya conocéis ese coraje que me caracteriza y que sigue intacto, ese afán de superación ante los factores que van escribiendo el libro de mi vida y está íntegro o esas ganas de pelear y que no se han visto mermadas, aun así, bien es cierto que cuando acabéis de leerme más de uno me verá como un ser demasiado frágil a veces, si es así lo entenderé pero no olvidéis ese otro yo en el que muchos os habéis apoyado e incluso identificado, mi única intención es mostraros lo que supone para mí realizar esas pequeñas cosas que pasan inadvertidas  por ser actos cotidianos y que la mayoría podéis resolver sin problema aparente.
!RAYNAUD, severo! asi se llama ese peregrino que se ha adosado a mí sin pedir permiso y que a temperaturas bajas o situaciones de un grado alto de alteracion emocional se adueña de mi riego sanguineo relantizando y paralizando en otras ocasiones ese liquido de color rojizo que nos da la vida bloqueando durante minutos a veces horas todo mi cuerpo, dejando sobre todo mis extremidades sin oxigeno con la consabida perdida de fuerza y sensibilidad, !dije ke ni una palabra de las tima ¿de acuerdo?! .Quiero romper una lanza por todas aquellas personas a las que la generosidad de la casi perfección que posee nuestro cuerpo no les ha sido otorgada, y entre las cuales me siento incluida, a todos aquellos que no somos como la inmensa mayoría sin dejar de ser por ello similes, hablo de todo ese colectivo con minusvalias de uno u otro grado que se ven impedidos a hacer una vida laboral o social dentro de la normalidad debido a su condición sin ser reconocido en muchos de los casos, en los cuales también me incluyo, sólo quiero que podáis sentir durante unos minutos lo que supone para mí, en este caso, al igual que para otros muchos en sus respetivas vidas uno de vuestros momentos en un día cualquiera. No siempre las cosas ni las situaciones tienen un por qué, simplemente suceden, están ahí, nuestro mecanismo falla y ni los médicos saben de donde procede el error, sólo se limitan a decir que es una de esas extrañas dolencias que aparecen y a la que han puesto un nombre difícil de escribir y hasta de pronunciar basándose en la primera persona que descubrió que lo padecía, una de tantas enfermedades olvidadas por las empresas farmacéuticas y laboratorios porque, siendo tan escasas, no merece la pena su estudio, y ahí nos quedamos esa gran minoría, perdidos en las estadísticas de la medicina a la que son incapaces de dar una solución, porque no saben su procedencia ni su alcance, solo algún metodo paliativo que en muchos casos no sirve de nada, tendríamos que ser un cuantioso número de personas las que lo padeciéramos para que pudiéramos interesar a algún investigador y no es el caso, triste ¿no? Pero auténticamente real.

Ha sido un despertar extraño en mí, uno de esos días... pareciese que mi cuerpo se barrunte lo que le deparará la mañana, estoy alterada sin motivo aparente aunque sepa que hay  un trasfondo, una razón para que eso suceda, enfrentarme una mañana más a ese mal que se acomodo en mí desde hace algunos años hace ke mi mente haga una asociación de ideas, de recuerdos, y retroceda en el tiempo que pasa ante mí con su poderio para recordarme una vez más que algo tan normal como un día frio puede acabar con mi ilusión por vivirlo, me gustaría ignorarlo, dejarlo dormitar en su escondite, me gustaría poder amotinarme para reclamar mi energía,  y sin embargo no puedo hacer nada, hoy tenía pensado escribir algo bello, estaba en el lugar idóneo, todo era propicio para llevar a cabo otro de mis momentos, pero no puedo hacerlo, no me sale de dentro, siento como la debilidad me hace su presa, hoy no pasearé mis letras por el amor, la amistad, la felicidad, en mí sólo hay cabida al desconcierto, la ofuscación, la incertidumbre, la soledad, a ese miedo de no saber qué pasará mañana, las ideas van y vienen  sin ningún orden decretado, las apatías emergen de los sótanos de mi alma donde se hallaban soterradas para precipitarse como fieras desafiándome y retándome con una fortaleza que apenas puedo someter, mi cabeza es un enjambre, pasan ante mí ambientes de un pasado cercano, aquellos lugares  donde trabajaba bajo un  frío extremo, doblegada por él, aquellas madrugadas en las que me jugué la vida manejando un coche cuando no podía ni sujetar las llaves, ya no eran sólo mis manos, en todo mi cuerpo se activaban las alarmas, aquel viento gélido se me clavaba  como si fuera acero, todo mi organismo estaba bajo cero, mis huesos, mis músculos se entumecían, se atrofiaban,  estaban lastimados, al contrario que mi mente que estaba cruelmente consciente para recordarme lo vulnerable que era, en más de una ocasión creí que me quebraría por el esfuerzo que hacía por mantenerme erguida, era sólo un muñeco de trapo, una roca de cristal a punto de fragmentarse, fueron  tiempos muy duros y donde una vez más mi afán consiguió sacarme adelante, es asombroso la resistencia que podemos llegar a tener cuando no tenemos otra salida, y sin embargo, hoy , me siento débil, lloro de rabia contenida, si alguien dudó alguna vez que mi ruptura hubiese sido sólo fruto de un capricho, que lo medite, sólo era cuestión de elegir la forma de morir, luchando o renunciando, ese es el motivo de la desolación que me invade hoy, descubrir que las heridas aún están frescas, que aún supuran dolor, lamento, quejas perdidas en un pasado que se pasea ante mí para mostrarse implacable, y un futuro  detenido temporalmente, ajeno al margen de todo... no pretendo suscitar lástima porque solo soy una más de la larga lista de errores de la naturaleza, podría dejar este escrito aquí , ahora, pero no quiero hacerlo, estas emociones sólo puedo describirlas cuando me asaltan, cuando me asolan, cuando intentan destruir un poco de lo conseguido, mis ojos se humedecen, no quiero secarlos, he de sacar toda esa rabia … estoy viviendo sin ninguna duda uno de mis mejores  momentos, tengo amigos a los que me unen sentimientos muy profundos, familia que ha estado a mi lado incondicionalmente, comparto mi vida con la gente a la que quiero y a la que le importo, y sin embargo este agotamiento me va mermando, noto cómo esa partícula insertada en mi alma que me hace renacer con cada rayo de sol se diluye, se esfuma, mi voz esta muda , no puedo articular gesto alguno, además no quiero hacerlo, tengo derecho a mi silencio, a mi quietud, a ese mutismo que grita dentro de mí, a mi rabia tácita, tengo que someterme sin remedio a pesar de que no quiera hacerlo, hoy no tengo ganas de luchar, ni de superar nada, sólo de dejarme atropellar por todo lo que se cruce en mi camino para convertirme en poco menos que un títere con las cuerdas desgastadas, haciendo que mis movimientos sean pausados, a veces incluso inmóviles, sólo quiero permancer aquí, sin hacer ruido, pero, ¿hasta cuándo? no puedo meter la cabeza bajo las mantas eternamente, sin embargo la debilidad busca dentro de mí para hacerme sentir el valor de las cosas pequeñas que sólo puedo hacer cuando ese líquido rojizo atraviesa mis venas con fuerza.

No sé la hora que es, el reloj de la mesilla está a mi espalda y no me apetece girarme para cerciorarme de si el día se ha despertado ya, creo que está amaneciendo, o al menos eso me hace intuir la claridad que se perfora por las escasas juntas que tiene la persiana. No quiero despertarle, aún es muy temprano para hacerlo, siento su respiración pausada, tranquila a mi lado, ojalá pudiera saltar de la cama como lo hago en esos días radiantes de primavera en los que el sol me llama sin que pueda hacer nada por desatender ese reclamo, pero hoy no tengo ganas, me siento incapaz, es raro en mí, lo sé, quiero seguir aquí, permanecer envuelta en esta extraña calma, en silencio, resguardada entre las sábanas del exterior,  aún no quiero enfrentarme a mi principal enemigo, ese frío que me daña con tanta violencia tendrá que esperar un poco más, debo retrasar ese momento el mayor tiempo posible para darle acceso, sometiéndome, dejando que sin contemplaciones se  instale en mi cuerpo, saboreo la sensación de protección y continúo sumergida en este sugerente letargo, sé, que mientras, mi cabeza no dejará de dar vueltas inventando cualquier excusa para hurgar donde no debe, pero, ¿qué más puedo hacer? cualquier cosa es preferible a sentir cómo la temperatura que conservo intacta deserta de mi organismo para alojarse en mi corriente sanguínea modificando el color de mi sangre, fresco, vivo, que luce con el calor para convertirlo en un tono oscuro, lóbrego, apagado, muerto. La noche ha sido tranquila, toda la estancia había sido preparada para mí, manteniendo ese calor en el que sigo siendo yo misma, la quietud en toda la casa ha sido desmedida, creo que es la primera vez que las paredes han estado tan calladas, intento no acorralar a mi mente dejándole algún espacio abierto, pero me cuesta centrarme en casi todo, ¡si al menos pudiese volver a dormir! pero es improbable que eso suceda.

Ahora que tengo material no puedo desperdiciarlo, así que me prepararé un café para despejarme me envolveré en mi chaqueta de punto azul e intentaré despojarme una vez más de mis ropajes, pero esta vez no serán sólo los de mi alma sino los de ambos, también el cuerpo, que es el que se niega a abandonar esta fuente de vida.

 Los cristales de la claraboya del ático están húmedos, llaman mi atención las gotas de rocío que cubren casi toda la vidriera, es posible que lleven adosadas a ella toda la noche, están quietas, inmóviles, pareciese que al igual que yo estuviesen esperando los primeros rayos de sol para recobrar su figura original y deslizarse poco a poco hasta desintegrarse, mezclándose con el resto, reclino la silla, el calor sigue metido en mi cuerpo, qué agradable sentirme así, me olvido de todo lo demás, saboreo el primer desayuno de la mañana, mientras, pongo mis ideas en orden para poder plasmarlas, mis pies se están quedando fríos a pesar de que toda la casa esta abrigada por una grata temperatura, las palabras van surgiendo de mis dedos como las flores en primavera moldeándolas para que encajen perfectamente unas con otras llevando hasta vuestra mente mi presencia, el tiempo pasa sin darme cuenta, y de pronto de una de esas teclas nace la pena, la rabia, la impotencia, tengo que hacer un alto para poder continuar, las yemas de mis dedos están acorchadas, ya no tienen sensibilidad y aun así siento el dolor en ellas, no hace falta que mire mis manos... apenas las noto ya, en escasos minutos y sin que me haya cerciorado se han quedado entumecidas, inertes, lánguidas, hasta ese momento aún abrigaban el calor de la taza, pero se ha evaporado, intento meterlas bajo mis mangas, pero nada, las froto en suave masaje pero todo es inútil, podrían separarlas de mi cuerpo ahora y no me daría ni cuenta, ya veis, algo tan natural para vosotros como acariciar una de las letras del teclado, para mí se convierte en algo imposible de realizar, ni tan siquiera sería capaz de sostener un bolígrafo, ¿os imagináis en qué puede convertirse el resto del día? Lo intentaré una vez más y sino funciona tendré que introducirlas en agua casi hirviendo para poder recuperar el tacto, las coloco alrededor de mi cuello como si se tratara de un abrazo, sólo así van tomando conciencia de que están vivas, el compás de mi corazón que late en ese lugar con fuerza les devuelve su calidez al menos durante otros pocos minutos, es un proceso largo, les cuesta volver a tener pulso pero poco a poco lo van consiguiendo, esa es mi realidad,  mis ojos se humedecen de nuevo por la impotencia, la tristeza, atrás quedó el verano y con él la belleza de mis dedos largos que descubro sin miedo a ser observada, ahora siempre están cubiertos,  porque un simple rasguño sería...

Me siento fatigada, abatida, no tengo que disimular ante nadie mi control absoluto sobre las cosas, ni demostrar a nadie lo invencible que me he llegado a hacer (aparentemente), hoy soy yo la que quiere, la que necesita ser absorbida por otra fuerza que no sea la mía, no quiero ser yo quien rompa el sigilo, quiero que alguien lo haga por mí, yo también soy en ocasiones extremadamente frágil, ya no sólo es mi mente la que sufre, ahora es también esta máquina que no se resigna por más que lo sepa a ponerle coto a nada, pero será mañana... o quizás más tarde... hoy no me apetece derrochar mis energías sabiendo que perderé la batalla,  parece que estuviese contra el mundo, pero en realidad no es contra nada, sólo contra mí misma, que, paradójicamente, no tengo culpa de nada, la llegada de las estaciones en las que la bajada térmica es acusada marcan para mí un descenso anímico importante, preparándome casi para mi total reclusión, todo lo externo a esas cuatro u ocho paredes está casi vetado para mí, haciendo estragos en mi interior, mis defensas descienden en picado provocando este cúmulo de sentimientos enfrentados.

Miro con tristeza la pantalla de mi ordenador, una mañana más he de dejar el escrito, quizás más tarde pueda continuar, pero ¿dónde quedarán tantas ideas que habían pasado por mí para que tú pudieras leerlas?, tendré que volver a retomar todo donde lo dejé y para entonces tal vez ya no sienta ni piense del mismo modo... pero he de resignarme
¿sigues preguntándote por qué no escribo más? ¿dónde están mis musas?

Recorro el estudio, con mis manos aún sin recuperar, mi cuerpo tiembla como una hoja al compás del viento, cada uno de mis huesos se afianza al anterior haciendo que sienta la presión del dolor, bajo las escaleras intentando no tropezar, apenas noto las plantas de los pies, la luz permanece apagada, me deslizo entre las sábanas y noto ese sopor que me envuelve entera y me hace entrar en un trance difícil de explicar, no puedo reprimir el llanto aunque intento tragarme cada sollozo para que él no pueda escucharme, pero necesito su calor, me siento tan pequeña, tan desprotegida, tan infinitamente indefensa, ¿por qué la vida es tan dura a veces?... ¿por qué en mi mejor momento reclama su parte para darme ese toque de imperfección y decirme que los cuentos de hadas no existen y que la felicidad sólo es un cuento de hadas?, pero esa que se cree con derecho a no dejarme saborear esa miel al completo se olvida de algo, no estoy sola, ya no... siento unos brazos cálidos, llenos de una delicada ternura que me rodean sin decir nada, miro sus ojos y ellos me lo dicen todo, siento como su mano seca mis lágrimas, mientras sus labios depositan un cariñoso beso sobre mi frente, no hace falta palabras, ahora me siento a salvo, él tiene ese calor que yo necesito y aunque sabe que se quedará sin él con solo tocarme no impide que lo haga, me refugio en su pecho y siento como dentro de su inmensa debilidad es un gigante ante mí, sólo puedo devolverle la mirada y abrazarme a su cuerpo para robarle parte de su energía tragándome el sonido para decirle entre suspiros... Gracias, gracias por estar a mi lado. Los dos dejamos que la oscuridad nos envuelva para deslizarnos nuevamente en un profundo sueño...

Esa roca ahora envuelta por un fino cristal resurgirá con la llegada de ese calor que se incrustara nuevamente en su piel haciendole sentir que la vida que hoy no le parece necesaria fuera de su pequeño mundo, es algo a lo que no dará tregua, resurgira de nuevo convertida en una hermosa lagartija, fuerte, viva con un bellisimo color irradiado por ese vidrio que hoy la recubre, roca y sauria seran aliadas bebiendose juntas cada rayo de ese sol al que darán gracias cada día por existir.

(Lorea)