Tras una quimera...

Los trazos  dibujados sobre el asfalto delimitaban los carriles que brillaban acariciados  al paso de  los faros del coche desapareciendo bajo sus ruedas, el alumbrado colocado en hileras a ambos lados de la carretera enfocaban su camino, la luminosidad  que proyectaban parecían protegerla, apenas había tráfico a esas horas de la noche, la luna se asomaba tímidamente buscando alguna ranura por donde abrirse senda entre las nubes  que cubrían el cielo casi en su totalidad, sus reflejos tenues asomaban de vez en cuando para dejar constancia de su presencia, el horizonte estaba oscurecido, sólo algunos destellos de luz provenientes de las casas  de los pequeños pueblos que iba dejando a su paso hacían visible la apariencia de otras vidas mas allá de la suya, por su cabeza desfilaban  ideas sin sentido con el único fin de ahuyentar los sentimientos de falta que la embargaban,  miró en la lejanía, la negrura de la noche la angustiaba, como si le recriminara su pecado para hacerselo presente en cada una de las cosas que la rodeaban, la culpabilidad la hacía sentir inmensamente minúscula, trataba de ahuyentar aquellos pensamientos que la hacían daño, atrás habían quedado aquellas horas y tenía que afrontar la realidad. 

No era una delincuente, ni había asesinado a nadie, su único delito…ir tras de un sueño y hacerlo  realidad por un espacio de tiempo reducido, demasiado breve, el cuento de hadas se había volatizado, el zapato de cristal se había quedado olvidado en aquella habitación sin esperanza, sentía la magia mezclada con la condena, la culpa  con la inocencia...

Estaba  tan absorta en sus divagaciones que no se había percatado de que había  comenzado a llover, su corazón se aceleró cuando sus limpiaparabrisas cobraron vida súbitamente, las gotas de agua golpeaban  el cristal resbalando por él para ser  absorbidas con saña por aquel par de brazos que acompasados se movían al unísono, dos bailarines en torno a una misma melodía.

Todo daba vueltas en su cabeza, permanecía como en trance, ausente, perdida, sus ojos miraban el infinito de la carretera pero apenas podían centrarse en nada, conducía casi por inercia, sabía el riesgo que eso conllevaba, la deslizante capa que iba cubriendo el asfalto se hacía peligrosa, era una habitual del volante y no había secreto que no conociese, siempre había sabido reaccionar a tiempo, sus reflejos en situaciones de riesgo habían sido precisos, instantáneos, le gustaba la velocidad, esa sensación de libertad hacía disparar su adrenalina, recordó de pronto los reproches de su familia recriminándole en multitud de ocasiones esa forma de conducir, pero, aquel amasijo de hierro y ella formaban una alianza perfecta desde hacía tiempo y se dejaba llevar por él.

No sabría decir dónde se encontraba, ni el tiempo que llevaba conduciendo, la tormenta la había envuelto con toda su violencia, el viento mezclado con el agua creaban una espesa cortina que parecía querer anular todo a su paso, el resplandor de los rayos aunado casi al instante por el sonido estrepitoso del trueno presagiaban que estaba en el mismo centro de la turbulencia, la tenebrosidad a la noche la hizo estremecer, sintió miedo por unos instantes, estaba perdida en medio de la nada. Sus intentos por relajarse eran casi inútiles y más cuando frente a ella desfiló el cartel de los kilómetros que faltaban para volver a su ámbito...
¡Qué curioso, qué extraña se sentía!
No saber  muy bien cuál era su lugar, ni los límites de su vida, ni de sus sentimientos, ni su identidad hacía que todo fueran dudas en torno a ella.

Encendió el aparato de música, tenía que evadirse, colocó uno de sus CD favoritos y se dejó llevar por las notas de las canciones que tantas veces la habían seducido y llevado hasta sus brazos sin que nadie se percatase de ello, no quería llorar, había prometido no hacerlo, pero... ¿Cómo dominar la angustia, la soledad y el vacío sin derramar ni una sola lágrima? Sabía que era el mejor modo de liberar toda aquella tensión que  presionaba su alma, subió el volumen hasta que en sus oídos no hubo más sonido que la dulce armonía, poco a poco fue sumergiéndose en cada registro, cada tono, cada latido de aquél piano y aquellas dos voces enlazadas formando un solo cuerpo, un solo sonido y que ella convirtió en gestos, palabras, caricias...

Apenas podía respirar, la bravura por sostenerse entera estaba provocando un esfuerzo intenso en su pecho, y en sus pulmones apenas quedaba espacio para que penetrara su alimento, un nudo oprimía su garganta, todo había quedado atrás, ese era el pacto, una sola vez… ninguno de los  dos rompería la promesa, notaba cómo las fuerzas la abandonaban, la flojedad de sus brazos denotaban renuncia, parecía como si nada le importase, su mirada se nubló, las lágrimas habían bañado aquellos ojos que habían brillado en la oscuridad reflejados en los de él... observó el paraje... era el lugar perfecto nadie se plantearía qué había podido sucederle, un volantazo, y todo habría terminado, sólo sería un accidente más en un día de intensa lluvia, sólo rutina, nadie pensaría que las circunstancias hubieran sido otras, todo entraría dentro de la normalidad… sabía que no le vería más, se odiaba por ello, por haber dejado que entrase a formar parte de ella a sabiendas de que no podría quedarse, gritándose que la vida sin él perdería la mitad del sentido que tenía. Dos mundos, dos hombres, y una mujer inmersa en un torbellino de dudas que no le permitían tomar ninguna decisión, cómo hacerlo si dentro de ella todo era caos. ¿Cómo volver a mirar los ojos de quien había confiado en ella? ¿Qué le diría? Le había fallado, no era la misma mujer ¿y si él lo notaba? cómo negar lo que había pasado, cómo enfrentar la evidencia, tendría que mentir, todo sería una farsa, le quería, de eso no tenía duda, pero también quería esa quimera que ahora tenía nombre, rostro e incluso voz, nunca se había planteado compartir dos amores y sentía cómo su corazón se encogía por momentos, se encontraba dividido, y no sabía qué hacer para salir de aquella encrucijada en la que la había situado el destino.

Si hubiera sido una aventura todo hubiera sido más fácil, lo sabía, pero no era así, él no era su amante, era su Amor, ¿quién entendería lo que sentía por ambos si ni ella misma sabría explicarlo?… no quería herir a nadie, callaría haciendo del silencio su tumba inventando  argucias para ocultar todo, buscaría lagunas donde su mente soterraría sus sentimientos más profundos ¿Qué más podía hacer? ¿Cómo olvidar? ¿Cómo borrar todo lo que había vivido y sentido?
¿Cómo callar todas las palabras que había escuchado de sus labios?

Se percató de que a lo lejos no se viera ningún resplandor de otro coche iluminando el sentido contrario, no quería que nadie se viese mezclado en lo que estaba pasando por su cabeza, era algo que no había planeado... no había solución, no quería apagarse poco a poco, eso no lo soportaría, prefería terminar con todo en tan solo unos segundos y no dar tregua a que la mente evaluase y analizase la situación para frenarla en seco… todo estaba decidido… nada la detendría… cerró los ojos en señal de despedida hacia todo lo que había tenido y tenía importancia para ella… y, como un huracán, los recuerdos pasaron sobre ella con una fuerza sobrenatural, todo se hizo presente en su mente para fragmentar cada uno de los minutos que la habían llevado a aquella situación, rememoró cada segundo, cada latido, cada sabor, cada color, cada…

Estaba  frente al espejo preparándose para aquel encuentro que no había buscado pero que deseaba como no recordaba haberlo hecho nunca, el reflejo que le devolvía el cristal era el de una mujer madura, de una belleza serena, no era una mujer llamativa pero se veía hermosa, su cabello claro y matizado con un toque cobrizo  suavizaban un rostro que por sí mismo ya era dulce, era una de esas bellezas que inspiraban tranquilidad, sosiego, paz… fijó a su rostro un poco de maquillaje, algo tenue que acentuase un poco más el color de su piel que aún guardaba las caricias del sol del verano dándole ese tono dorado que muchas de sus amigas envidiaban, marcó sus pestañas dándoles una largura natural y recordó cómo siempre que se colocaba sus pequeñas y elegantes gafas ensuciaba las lentes al rozarlas contra ellos… en su boca se dibujó una sonrisa adornada de un delicado tono rosado, con suavidad se deshizo de su albornoz para descubrir su cuerpo, se miró de reojo, no quería estropear nada y sabía perfectamente que ya no tenía 18 años, y que las texturas y tersuras de la piel ya no eran las mismas que entonces, pero curiosamente se vio perfecta, la armonía de sus formas eran equilibradas, por un instante pensó en él, qué diría cuando la viese. Ella quería creer que les unía algo más profundo que la búsqueda del roce de dos cuerpos en la penumbra de una habitación, todo aquello la desbordaba, aquella cita, aquel engaño, su interior se lo reprochaba a cada instante, se lo gritaba para hacerla cambiar de idea, pero estaba decidida, pensaba que las situaciones en la vida sólo se daban una vez y sabía que ésta era única, sólo deseaba saber si lo que sentía era real, aunque el resultado no podía alterar nada, al menos no podía evidenciar que así había sido, necesitaba darse la oportunidad de saborear todo ese embrujo, no quería pensar en nada, nadie, ella que lo había dado todo sin ser correspondida en ocasiones del mismo modo sería egoísta, viviría en brazos de un amor insólito, sin rostro, ese amor intenso que la hacía vibrar con solo imaginar, no se conocían, eran dos extraños pero sentía la complicidad, nunca se habían escapado de sus dedos esas palabras que a los dos les hacían daño por tener que silenciarlas, deseando ser gritadas, pero cada vez que sus estelas se cruzaban la atracción se hacía palpable. Ya casi estaba lista, faltaba rozar su cuello con unas gotas de perfume y atusar su pelo, enredó el cabello, le gustaba ir peinada pero despeinada, era así, desenfadada, con esa pizca de rebeldía que la hacía conservar un aire adolescente a pesar de que ese tiempo había quedado en el olvido, unos tejanos, una camiseta y unas botas camperas serían su indumentaria, no quería mostrar una mujer que no era, no había nada que ocultar, no era momento para farsas, quería verle, sentirle cerca por unos instantes, eso era realmente lo que ella creía importante. Se miró en el espejo y se hizo una pregunta...
¿Qué harás si ese hombre llena tu alma como esperas? ¿Qué harás, eh?
Apretó los puños contra el lavabo, aquellas preguntas inquisidoras la torturaban…

Las ruedas del coche chirriaron violentamente por la fuerza con que ella había pisado el acelerador, la curva era pronunciada y sabía que tras ella sólo el abismo, el descanso, el reposo la tregua a sus miedos, conocía aquel tramo perfectamente, el acantilado que dibujaba aquel corte entre los montes la estaba esperando… no había dudas… ni vuelta atrás…

Se acercaba al lugar acordado, las luces del puerto brillaban a lo lejos jugueteando con el agua de aquella pequeña bahía, haciendo que suaves reflejos plateados se reflejasen en ella, su corazón saltaba dentro de su pecho sin que ella quisiera hacer nada por detenerlo, estaba agitado, sentía latir el pulso en cada una de sus venas, levantó el pie del acelerador aminorando la marcha, no había nadie más en el aparcamiento, sólo un coche oscuro, tal y como él se lo había descrito, por un instante quiso girar y desaparecer sin dejar rastro, pero la fuerza que la atraía hacia allí era imparable, detuvo su automóvil  paralelo al de él, quitó las luces y apagó el motor, no sabía qué pasaría, no sabía muy bien qué es lo que tenía que hacer, no se atrevía a mirar al otro lado, quería ver su cara pero… de pronto la portezuela del coche contiguo se abrió, y todos esos pensamientos se desvanecieron al escuchar el suave golpeteo de sus nudillos en el cristal, pensó que su corazón se pararía, la sombra que se proyectaba era de un hombre alto, sus manos temblaban al quitar las llaves del contacto, respiró profundamente, franqueó la puerta y se erigió frente a él, despacio... sin prisa... fuera la lluvia caía suavemente, una cortina de agua lo humedecía todo, y de pronto pensó en su pelo, en su maquillaje, en el rimel de sus pestañas, tanto tiempo arreglándose para... todo era un echo, él, ella, la lluvia, el puerto, la oscuridad, el silencio… apenas reparó en sus facciones, ni en lo que llevaba puesto, levantó la vista asustada y sintió sus ojos clavados en ella, no hubo palabras, la rodeó en un abrazo intenso cargado de ternura y pasión contenida, la  acercó a su cuerpo con una entrega perpetua, ella onduló entre sus brazos como una flor en primavera mecida por la brisa, el tacto de su piel la estremeció, cerró los ojos y se embriagó de él y de aquel instante eterno, el calor de su pecho, la suavidad de su manos en su espalda la hicieron sentirse segura, se sentía felíz y esa sensación la hizo derrumbarse, él lebanto su rostro y la miro con una delicadeza que desconocía secando sus lágrimas con un beso, subieron al coche y se alejaron arropados por la noche que los envolvió encubriendo sus almas sedientas por enlazarse desde tiempo atrás, como dos furtivos se perdieron entre las sombras de los árboles que bordeaban aquel término en busca de algún lugar donde poder descubrirse y olvidar el resto del universo por unas horas porque ellos dos eran el universo en sí mismos, no había duda a la equivocación, el amor estaba latente, y fue quien los arrastró a vivir lo oculto, pero verdadero…

El coche salió  fuera de la calzada dispuesto a caer por el precipicio preso por la inercia por el que era impulsado a gran velocidad, en silencio pidió perdón por aquél acto de cobardía y se dispuso a morir entre las aguas que la habían visto vivir aquel amor...

El resplandor de un relámpago la iluminó por completo como último intento por cejar su locura, abrió los ojos viendo la nada a lo lejos, esa nada que estaba tan cerca de devorarla, su pie pisó el freno y el coche se detuvo bruscamente haciendo que su cuerpo se golpease contra el volante, se deshizo del cinturón sin reparar en el dolor y se abalanzó hacía el exterior gritándole al silencio del barranco, se dejó caer sobre la hierba, cubrió su rostro con las manos humedeciéndolas por el llanto que manaba desde su interior sin consuelo, la lluvia la empapó aliviando la desesperación  que la inundaba, no podía hacerlo, no podía borrarlo de su vida como si no hubiese sido real, no podía negar a su piel el contacto de la suya, ni a su boca el sabor de sus labios, esa noche había sido suya, él había dejado su esencia en lo más hondo de su ser y eso nadie podría borrarlo, la amaba con igual intensidad a como lo hacía ella y no dejaría que todo se olvidase en el fondo de aquel precipicio, eran sus recuerdos, suyos, y quería vivir con ellos a pesar de todo, volvería a su hogar, sí, y sería la compañera del hombre que compartía sus días sin que presagiase que dentro de ella algo maravilloso había tenido lugar, jamás olvidaría aquel sueño, aquella quimera que se hizo real y hermosa haciendola sentir durante un lapso demasiado corto una mujer única…

Entró de nuevo en el coche y se arropó con una manta que siempre llevaba en el asiento trasero para evitar quedarse fría, dejó que su cuerpo se envolviese de todo lo vivido, miró al horizonte ya no había prisa por volver, no había nada más que hacer solo contemplar que a lo lejos comenzaba a clarear, el alba despertaba y con ella su sueño, su ilusión su quimera en la profundidad de su alma se adormecía a la espera de despertar entre sueños para que ambos se amaran de nuevo...

(Lorea)