MI LIBRO

Llevo un tiempo sintiendo la necesidad de hablar de ¡Vosotros!, pero esto es así, cuando se escribe en primera persona es preciso que los sentimientos afloren para poder describirlos, no siempre es fácil, pero cuando surgen algo te recorre la sangre y los dedos sobre el teclado toman vida propia, las palabras van surgiendo del interior atropelladas, casi sin control, quieren salir todas a la vez, por eso cada vez que escribo me da la impresión de dejarme algo en el olvido, así que desisto durante minutos, incluso horas; en cada repaso surgen emociones nuevas que van sustituyendo a las que yacían impresas en su comienzo, de modo que a su término, y antes de subirlo a la red, lo escrito inicialmente se ha transformado, manteniendo su integridad y el sentido inicial, pero más maduro, más sereno, para que al llegar hasta vosotros podáis entenderme.

Comenzaré por describir el círculo de amigos que poseía antes de vuestro encuentro, el cual siempre fue muy reducido, muchas veces me pregunté cómo… una persona como yo, con tanto por dar y con unas ansias desmesuradas por recibir, era incapaz de no encontrar la manera de hacerse entender, quizás desde siempre busqué algo más en los demás, no sé... es la única respuestas que encuentro, esa demanda siempre hizo mella en mí, marcó de algún modo mi vida, habrá a quienes esa búsqueda les pueda parecer sin sentido porque se han conformado con ir llenando sus vidas de monotonías intrascendentes, cosa que no censuro cada cuál busca la forma de ser feliz a su modo, pero que a mí nunca me bastó, siempre le di un valor superlativo, ahora, después de este tiempo, sé que para muchos de vosotros esa comunicación se ha convertido en algo vital, habéis aprendido como yo un lenguaje nuevo, donde el temor e incluso la vergüenza ha dejado de ser primordial, hemos cultivado el poder hablar desde el corazón.


Recuerdo mi infancia donde sentí que no encontraba quién me escuchara, me faltó esa comunicación  por motivos que hoy prefiero omitir, más adelante en mi adolescencia mi lenguaje era malinterpretado y se le dio el razonamiento contrario al que yo demandaba; ya siendo “adulta”, lo he dicho así para diferenciar distintas fases, aunque en realidad  creo que nunca existieron o, al menos, no tuve tiempo de plantearme en cual de ellas estaba situada, pasé de una a otra sin cerciorarme de mi transformación, ni ahí siquiera fui capaz de llenar esos vacíos que a veces me asolaban.


Mas tarde, mi vida laboral y la unión a otra persona a una edad demasiado temprana hizo que los amigos y la vida, que hasta entonces me había dado casi plena autonomía, dejaran de estar presentes, todo se volvió cosa de dos, acabando por ser sólo de uno, eran otros tiempos de ver y aceptar las cosas. Mi vida anterior se diluía, y en la que emprendía todo se limitó a un par de amigas que no llegaron a ganarse mi confianza porque ellas tampoco me la dieron, no podía comprender como en nuestras múltiples tertulias alrededor de un café matutino nunca se hablaba desde la sinceridad y la realidad, ¿eran tan felices como decían?¿sus vidas eran tan perfectas como pregonaban?¿ninguna de ellas tenía nada más que decir aunque fuese sobre ellas mismas? no se...sus inquietudes, sus temores, sus sueños... me sentía frustrada, porque yo, si tenía mucho que decir, mucho que gritar que proclamar, que reivindicar, pero...¿a quien?.


También estaban aquellas amistades que llegaban a mí de rebote, ya que formaban parte de su circulo, qué pena sentía, cómo se apagaba el brillo de mis ojos en aquellas comidas o cenas a las que asistía, casi siempre como mera espectadora y a la que rara vez se la tenía en cuenta ya que casi nunca se hablaba de otra cosa que no fuera ¡su trabajo!, excluida, al margen de todo, pocas veces encontraba una rendija por donde colarme y hacer algún comentario, eso sí, cuando lo conseguía ya procuraba él restarle la importancia necesaria para que lo dicho por mí careciese de sentido, ¡qué insignificante me sentía cuando veía todos los ojos clavados en mí…! ¿De qué podía hablar yo, si mi mundo era mi hogar, ese lugar que no interesaba a nadie más que a mí y donde me sentía a salvo, protegida por mí aliada soledad?
¿Comprendéis  ahora por qué creé mi propio mundo de fantasía?


Cuando uno siente que la superficialidad de las conversaciones se convierte en el monotema principal de todas las reuniones, cuando uno no se sabe mejor ni peor que nadie, pero desea con fuerza no sentirse parte de algo que no le dice nada, inconscientemente busca la manera de alejarse de todas las palabras que van y vienen entrecruzadas y lanzadas al aire, sin ninguna profundidad, faltas de estímulos, para intentar no dejarse atrapar y formar parte de esa banalidad. Quizá sea yo la equivocada, quizás le pida demasiado al género humano y a las relaciones personales, quizá debiera conformarme y amoldarme a la gran mayoría, quizá no debiera plantearme tantas cosas y simplemente dejarme llevar, pero si ya desde niña inicié esa persecución como ceder ahora... me niego a consentirlo, no quiero aceptar ese rol, ni llenarme de todo aquello que llena a mucha gente.

Sé que esta manera de pensar puede no ser compartida por muchos, desconozco si alguna vez, sin mi presencia, se me ha tachado de insociable por no participar de múltiples afinidades que no son las mías o de ignorante por no estar al tanto del último grito en moda y desconocer el precio del novedoso perfume de Carolina Herrera. Quizá incluso se haya podido pensar que no se de que va todo o barajado la posibilidad de que pueda tener algún grado de autismo por mis continuos silencios, o que simplemente sea una egocentrica que se cree superior al mundo. Pero nada más lejos de la realidad, sólo intento no ir en contra de lo que siento, ni comulgar con un estilo de vida que me haría volver a sentirme vacía, fracasada.


Ya no tengo motivos para silenciarme, ni para negarme a la  expresión ni a los sentimientos, sé que he sido escuchada y entendida, y lo más importante para mí, me he sentido y siento, querida. Ya no siento esa sed que hacía que a veces no pudiera respirar, formo parte de todo respetando al resto en su modo de pensar y de actuar, porque se que yo también soy respetada.

¡Me declaré una vez imperfecta y me reafirmo! Sólo trato de estar bien a nivel personal, aceptarme tal y como me veo, recoger esa fuerza que me desborda a veces para poder compartirla, y cobijarme dentro de mi aislamiento cuando lo necesito, no me escondo de nadie y acepto las críticas sobre mi persona, pero no por ello cambiaré aquello en lo que creo ni renunciaré a lo que siento.


Bendito resquicio de lucidez rebelde que se agitó dentro aquella noche.  


¡Voy a tomarme un alto en este instante! necesito tomar un poco de aire, y el día está precioso, hoy no necesito mi chaqueta de punto azul, el sol lo enardece todo dándome ese calorcito que tanto agradecen las gráciles lagartijas. ¡Bajaré al jardín! desde el ático escucho en la calle la algarabía de la chiquillería que juega a las puertas de las casas que forman la urbanización, desde abajo podré hasta saber de qué ríen, hermosa inocencia la de todos ellos.


Hoy repasaba mi libro, ése que un día creé con la esperanza de que a él fuesen llegando hasta mí aquellas gotas de agua que, entre lamentos desgarradores, pedía a gritos mi corazón en un escrito soñando con poder llenar parte del torrente de sus necesidades afectivas y a las que sentirse unido; no se me pasó por la mente, ni por un solo instante,  que en algún momento fueran escuchados, y mucho menos que llegaran a través de lazos invisibles, porque así son los sentimientos intangibles, pero no por ello indemostrables. Me he paseado por la multitud de páginas, he leído desde el primer mensaje, aquel que me envió mi amiga (gatita) un 16 de junio, hasta el último que ha dejado mi extraño y confidente amigo Mariano; me he quedado asombrada al contemplar el combinado de  fragmentos que hemos ido tejiendo unos con otros para llegar a formar parte de una tupida alfombra cubierta de emociones y gritos silenciados donde, poco a poco, hemos ido aprendiendo a escucharnos, y en muchos casos a sentirnos tan cercanos…


Me habéis dado mucho más de lo que imagináis, el caudal que ahora desborda mi alma es inagotable, pasarán las páginas de mi libro, quizás me decida incluso a cerrar este capítulo de mi vida, pero, haga lo que haga, todo ha cambiado dentro de mí, por todo ello no puedo por menos  que agradeceros a todos haberme ayudado a crecer, sin vuestra ayuda no me hubiera sido posible experimentar una de las cosas más increíbles de mi vida.


En un mundo en el que casi todo lo que tiene que ver con las inquietudes profundas se solapa, donde la banalidad prima sobre la trascendencia, donde los sentimientos se ocultan como si de alguna manera nos sintiéramos avergonzados de decir o hacer aquello que percibimos a nivel interior, hemos creado entre muchos un rincón y un libro donde no hace falta mirarnos a los ojos para comprendernos, serenarnos e incluso conmovernos.

He ido viendo desflorar dentro de mí una manera de expresión que desconocía,  he absorbido vuestro apego hacía mí, saboreado el cariño con el que me habéis agasajado y que mucha gente quisiera poder disfrutar en su realidad, llorado en ocasiones con muchos de vosotros cuando vuestra alma se ha desnudado ante mí, sin pudor, dejándome sentiros como parte de la mía, reído en otras con vuestras ocurrencias cuando me habéis visto decaer, he dicho te quiero a muchos de vosotros cuando en mi vida era ya prácticamente una palabra obsoleta y erradicada de mi vocabulario, recuperando su significado, sin el que ya me sería difícil ser yo. He ido llenando esos espacios que ahora tienen vuestros nombres y sentimientos...


Decidme... ¿se puede pedir más? Yo, al menos, no, me doy por satisfecha.

 

(Lorea)