DE QUÉ...

De qué sirvió tu mirada cruzada en la mía,
Y la condena a vivir del recuerdo que dejaste de ti.
De qué, que cortejaras mi alma, y sedujeras mi cuerpo,
si sólo puedo arrinconarte... soterrar que te conocí.

De qué sirvió que distrajeramos al destino...
y aquella promesa rota hoy convertida en olvido.
De qué aquella candela que nos fundió sin tocarnos.
De qué aquel beso robado, regalado con tanto mimo,
la magia de tus ojos, la ingenuidad de mis gestos,
el remolino de pasión que cruzó nuestro cuerpo
o el temblor que nos agitó al rozar nuestros manos.

De qué, que mores en mis pensamientos latente,
que en la penumbra sigan brillando tus ojos,
 de qué, que tu mirada intrusa en la mía se eternice,
o que no se resista mi latir a estar unido al tuyo siempre.


Extrañándote intento adivinar por qué renunciaste,
por qué me olvidaste en alguna estación de tu mente,
alejándote sin mí entre el bullicio de la gente,
agitándose mi pecho pensando que me olvidaste.

Miéntete si quieres... negando que sigo presente.
De qué sirve que rechaces lo que gritas en tu mente.
Dime que no guardas mis fugaces caricias sobre tu ropa
ni el sabor de mi boca en la tuya temblorosa.

Como una fragancia exquisita enredada en  tus sentidos,  
permaneceré peremne, reclusa en tu olvido
dando claridad a tu penumbra como candil encendido,
dolor como puntilla en el pecho en cruel martirio,
me añorarás entre risas, floreceré en tus instintos,
porque no podrás despojarte de lo que vivimos,
porque aún negandolo, sé que me has querido,

De qué sentir como siento si no volveré a tenerte,
piérdeme en tu memoria, que en la mía voy a perderte.
Con un tupido velo encadenaré tu semblante,
tu sonrisa de niño,
tu cuerpo de amante,
tus palabras de amor, tu mirada adorable
De qué valdrá que siga amándote si he comenzado a olvidarte

(Lorea)