AQUELLO...

Es entonces… y sólo entonces…
En una de esas truncadas veces,
Que llegas hasta mi cala
Y tu aroma esparces por mi playa…

Que le tomo a la vida el guante,
Me abandono a su corriente…
Me doblego dócilmente ante su reto
Y reconozco de una vez por todas…
Que aquello, que me quemaba dentro…

Que aquel torbellino de sentimientos…
Que aquello, a lo que tanto me negué…
Que aquello, que no creí  fuera cierto…
Que aquello, que alimenté…
Como mi único alimento…

Aquello que tantas, y tantas veces…
Se hacía eco con mil suspiros…
Aquello, tenía nombre, tenía apellido…
No era antojo, ni desvarío,
Ni locura pasión o capricho
Aquello, era mucho más... aquello
No sólo era arrebato y deseo
Aquello, señores… era más que fuego.

Lo que que mi corazón enloqueció
Aquello, que mi cuerpo y alma sorbió
Lo que en su trampa me apresó
Aquello que mis labios envenenó
Aquello, señores, aquello era amor.

Una eternidad... buscándolo
Toda una vida, soñando encontrarlo...
Y llega hasta mí como suspiro de verano
Acariciando mis labios sin poder saborearlo.


Infinito sentimiento, pávido de miedos
Paladín de esperanzas,
Rey de corazones…
Cautivo de anhelos…

Amor entre algodones
En estado sublime...
En estado supremo...
Cómo me ha herido que no haya sido compartido.

(Lorea)