ADOLESCENTES...

Era sábado y todo estaba preparado para la fiesta anual de aquel pequeño pueblo enclavado en  plena naturaleza, a los pies de un pulido valle, el hermoso tapiz que lo cubría en esta época se hallaba cargado de flores y prados verdes, los montes arrogantes decoraban  sus cumbres con un precioso yelmo blanco, los porches y miradores de las casas unifamiliares en su mayoría habían sido adornados para el evento, cintas de colores llamativos colgaban de todos ellos dándoles un aspecto festivo, todo se confabulaba para dar un encanto especial que se transmitía a  todo aquel que doblaba cada esquina, o serpenteaba  por sus callejuelas en su mayoría empedradas y en las que aún pareciese que  perdurara la esencia de los miles de pasos que caminaron por allí en otro periodo, un paraíso abierto, un lugar donde cada vez eran más las personas que se acercaban dispuestas a dejar por algunas horas la excéntrica ciudad.

Estaba amaneciendo y la vida de Elsa  despertaba también con los primeros rayos de sol, abrió los ojos remolona, sintió cómo la luz que llenaba la estancia le impedía ver con claridad, así que dio un salto y se dispuso a comenzar la jornada.
Era una mujer activa, demasiado inquieta en ocasiones, un desayuno ligero, una vestimenta cómoda y lista para comenzar el día.
Le encantaba la alborada, quería disfrutar de ese soplo de libertad antes de meterse en su oficina, la mañana estaba especialmente calurosa para su gusto, la temperatura, a pesar de que aún no había salido del todo el sol, era alta, no había llovido durante semanas y el calor en las horas puntas se hacía pegajoso, por eso adoraba el romper del día, aquel olor a fresco y a flores que la colmaba de un hechizo personal, el pueblo descansaba a la espera, dormitaba abrigado por el silencio, roto en ocasiones por el canto de alguna especie de pájaro que revoloteaba libre, ajeno a todo.
Casi todo el mundo en la comarca estará de fiesta... pensó ¡casi todos!… renegó entre dientes mientras se dirigía a pie hacia su trabajo, sería un día duro pues todo aquello suponía un incremento adicional en su horario para cubrir las necesidades a las que se veía obligado aquel territorio en una ocasión  especial  por el aumento provisional de residentes.

Ella siempre soñó con ejercer su licenciatura en uno de esos hospitales donde había realizado las prácticas y que tanto se parecían a los que había visto por televisión, nunca que lo haría en un sanatorio como aquel, perdido en aquel pequeño pueblo, y aunque le había costado adaptarse, ahora era feliz, atrás quedaba la época de residente donde las personas eran sólo informes médicos.
Su trabajo le apasionaba, nunca era lo mismo, ni una situación semejante a otra aunque muchas veces los síntomas fueran los mismos o parecidos, detrás de cada uno de los pacientes que por allí pasaba había una historia diferente en las que muchas veces se involucraba, aunque tratara de no hacerlo, era demasiado sensible.

Traspasó el umbral de la puerta que daba paso a la sala de espera del edificio, notó un olor agradable, a limpio, eran escasas las personas que se encontraban esperando ser atendidas, aunque eso no duraría ya que el recinto se abarrotaría en las horas posteriores, nada grave seguro, serían cosas leves, como en anteriores años, cruzó la estancia y se dirigió a su despacho, miró con orgullo la placa cromada adosada a la puerta ¡Directora de urgencias!...

Elsa estudiaba el historial médico, mientras, el murmullo de fuera hacía difícil su concentración, un paciente joven, aquejado de un fuerte dolor a ambos lados de la cabeza… estaba inmersa en aquel papel que reposaba sobre sus manos cuando hasta sus oídos llegó el timbre de voz de la enfermera desde recepción… aquel nombre… aquel apellido…!no!... su rostro se izó con un movimiento autómata y un sudor frío la envolvió íntegramente, no… no podía ser posible…¿él allí?... (hacía tanto tiempo), se levantó impaciente, la curiosidad era más fuerte que ella y miró a través de la puerta que permanecía entreabierta… su corazón comenzó a latir con una fuerza insólita, sintió que la respiración colapsaba sus pulmones, su pecho estaba agitado, una oleada de calor ascendía por todo su cuerpo, (ella habría diagnosticado ataque de ansiedad)… era él… no podía creerlo, estaba allí, a unos metros solamente, le hubiera bastado abrir aquella hoja de madera para que sus ojos pudieran cruzarse, apenas había cambiado, aquel muchacho que la había enamorado en su adolescencia se había convertido en un apuesto varón, su pelo ensortijado ya no lo era tanto, sus sienes comenzaban a blanquear, aunque eso no le había despojado de aquel porte juvenil que ella había conservado en su mente, justo antes de que se vieran por última vez, examinó instintivamente el asiento contiguo, buscaba a una mujer… sí, allí estaba, a su lado, impecablemente vestida, con un estilo sencillo, bien conjuntada, una mujer con gusto, ambos hablaban acaloradamente, posiblemente sobre el tiempo que llevaban metidos en aquel infierno de murmullos y bochorno.

Volvió sobre sus pasos cerrando la puerta tras de si y se dejó caer sobre el sillón, reclinó su cabeza cerrando los ojos… !Dios mío cuánto tiempo sin verle! ¡Qué guapo está!... notó como su pulso comenzó a estabilizarse, su corazón, que apenas unos minutos antes latía desaforado, había vuelto a recuperar su estado uniforme, relajado, las pulsaciones justas, llenó su pecho de aire y notó sorprendida cómo las lágrimas resbalaban por sus mejillas sin poder hacer nada por evitarlo… se embriagó de aquella sensación de melancolía y se abandonó al recuerdo... fue hermoso, ¡muy hermoso! pensó.

Un juego de niños a través de las líneas telefónicas había dado paso a una relación difícil, marcada por la gran distancia que los separaba a la que se sumaba  la incredulidad de sus padres, pero… ¿cómo negarse ante aquel torrente de emociones que ambos sentían? ¿Cómo prohibirse la oportunidad y dejar morir todos aquellos sentimientos sin haberlos vivido? Era todo tan perfecto…

La campana de la catedral de aquella majestuosa ciudad rugió para recibirlos, resonando dentro de su cabeza… dos corazones desbocados cabalgando con un ímpetu arrollador iban a unirse, dos adolescentes llenos de ilusiones, de sentimientos puros, colmados de inocencia se aunaban  por vez primera, después de un arduo trabajo para poder llevar a cabo ese encuentro, el sueño era una realidad… aquel abrazo infinito, aquel primer beso lleno de promesas, aquella sensación de que algo se rompería dentro del pecho de cada uno de ellos casi los lleva al éxtasis, cuánto habían esperado…cuánto llanto oculto, cuánto dolor contenido, cuántos besos al aire, cuántas caricias perdidas en el silencio de sus habitaciones, cuánto amor por dar…cuánto por recibir.

Elsa secó su cara y respiró profundamente, en sus lágrimas una mezcla de decepción y amargura ¿Por qué?¿ Por qué no luchaste por nuestro amor? ¿Por qué dejaste que rompieran nuestro sueño? ¿Por qué fuiste tan débil?... Yo habría luchado contra el mundo por vivir mi vida a tu lado por siempre … tragó saliva… pero tú… tú… no mereces mi llanto, se gritó mentalmente y se levantó de un brinco, se dirigió al lavabo y humedeció su cara, la imagen del otro lado del espejo era la de una mujer hermosa, con delicadas facciones y una sensualidad innata en cada uno de sus gestos, una larga cabellera dorada se deslizaba por su espalda, insinuando debajo de su bata unos perfectos hombros, se miró atentamente y sonrió, ¡estas perfecta…!

Intentó no pensar, centrarse en su trabajo, no podía dejar que nada la eludiese de su responsabilidad, deseaba desterrar aquel aluvión de sentimientos que eran pasado y que la hacían sentir indefensa, no podía dejar que el recuerdo de aquel amor dejara al descubierto su fragilidad, deseaba que el tiempo pasara rápido para poder salir de aquel ambiente a respirar un poco de aire fresco, pero de nuevo la voz de la enfermera la alertó, esta vez repetía su nombre, un paciente la necesitaba, con paso decidido se dejó ir hacia la puerta, mojó sus labios y capturó una honda inspiración, su gesto firme, seguro… sabía que tendría que pasar a su lado… ¿cómo reaccionaría él si la reconocía? Abrió la puerta y tras un tenue crujir Elsa traspasó el umbral, allí estaba, frente a ella y como si de un imán se tratara levantó la cabeza, sus ojos se cruzaron unos segundos, y vio su gesto contrariado, la había reconocido, estaba segura, a pesar del tiempo transcurrido, a pesar de que ella ya no era aquella niña, él no la había olvidado, lo intuía, sentía sus ojos clavados en ella y sintió el temblor de sus piernas que a punto estuvieron de traicionarla, pero aquel amor ya no le dolía, sólo le había hecho volver al pasado y sentir ese instante de rabia que había callado durante años, pasó a su lado y escuchó como un susurro su nombre en la boca de él ¿o quizás lo había imaginado?

Cuando regresó a su despacho la sala se había despejado casi por completo, él ya no estaba, se había marchado, podía haber curioseado en su informe la razón por la que se encontraba allí, pero no quiso, sólo deseaba que el reloj no se detuviera para poder colgar su bata y salir de allí.

La puerta de la entrada se abrió antes de que ella pudiera llegar a su altura, la voz eufórica de un niño retumbó en toda la estancia, corrió hacía ella fundiéndose ambos en un cariñoso abrazo, tras  los pasos infantiles estaba el hombre que había cambiado su vida, alto, con una figura distinguida, pelo rizado y una amplia sonrisa.

Ella lo amaba y al contemplar sus dulces ojos se sintió culpable por haberse sentido presa horas antes evocándolo en su memoria, soltó a su hijo para que corretease hacia la salida y lo besó tiernamente, él cobijó su rostro entre las manos murmurándole lo bella que estaba una vez más, la cogió por los hombros, fuera se notaba ya el frescor del atardecer, a lo lejos reparó en la figura de un hombre apostado sobre una de las farolas que adornaban la avenida, supo de quien se trataba, pero no miró hacia atrás, rodeó la cintura de su esposo, mientras, ambos paseaban expectantes vigilando los traviesos juegos de su pequeño.

En  la plaza ocupada únicamente por los lugareños el resto del año se vivía el ambiente festivo, desde cualquier lugar del pueblo se escuchaba la música que sonaba en el quiosco colocado en el centro de la glorieta mezclado con el bullicio de la gente que se paseaba entre los puestos donde se ofrecía productos típicos de la región…

(Con cariño para mi hija)

(Lorea)